Además de la vacunación, uno de los tratamientos con los que más familiarizados estamos en nuestros perros y gatos es con la desparasitación. Pero, ¿sabemos realmente que estamos protegiendo con ella?
Existen multitud de parásitos que pueden afectar a los animales domésticos. Podemos clasificarlos en parásitos internos, y parásitos externos.
Los parásitos internos o endoparásitos son parásitos que habitan en el interior del animal, en el intestino, en pulmón, en corazón u otros órganos. Algunos de estos parásitos son muy frecuentes en los animales de compañía, especialmente en los más jóvenes. En ocasiones provocan cuadros leves, pero a veces pueden llegar a ser graves e incluso mortales.
Por si fuera poco, estos parásitos pueden transmitirse al ser humano y provocar enfermedades importantes.

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De ahí la importancia de una adecuada prevención de infecciones parasitarias en los animales de compañía, mediante el empleo de los fármacos apropiados para ello, llamados antiparasitarios. Con la desparasitación interna conseguimos una correcta atención sanitaria del animal y la prevención del contagio de endoparásitos al ser humano. En función del protocolo utilizado, se suelen utilizar estos fármacos administrados en comprimidos trismestralmente.
Existen otros organismos que pueden provocar enfermedades graves, haciendo totalmente necesaria la protección del animal. Es el caso de la temida Leishmaniosis, o la no menos importante Dirofilariosis.
La leishmaniosis es una enfermedad grave, que no tiene curación, muy frecuente en todo el levante y sur de España. Afecta tanto a animales como al ser humano. El organismo responsable es un protozoo llamado Leishmania donovani var infantum, que consigue transmitirse utilizando mosquitos del genero Phlebotomus.
Estos mosquitos habitan en zonas húmedas y cálidas, próximos a aguas estancadas, y su principal actividad se desarrolla al amanecer y al atardecer. Es por eso que la primavera y el verano son las estaciones en las que existe un mayor riesgo de contraer la enfermedad.
La sintomatología que provoca en los perros es muy variable, desde una lesión mínima en el pabellón auricular, heridas que no cicatrizan o crecimiento exagerado de las uñas, hasta una insuficiencia renal grave.
Como hemos dicho antes, la leishmaniosis no tiene curación. Una vez que un animal se ha contagiado, solo podemos tratar la sintomatología e impedir el avance de la enfermedad, manteniendo al animal con una calidad de vida óptima. De ahí la importancia de un diagnóstico precoz del proceso, y sobretodo de su prevención.
La prevención se realiza mediante el empleo de diferentes productos parasitarios, administrados de forma tópica u oral, y con la aplicación de la vacuna específica para esta enfermedad, de reciente desarrollo. No existe ningún método de protección que asegure al 100 % que no se va a producir el contagio del animal, por lo que es importante la elección de un buen protocolo antiparasitario.

La dirofilariosis es producida por un parásito denominado Dirofilaria immitis, y es comúnmente conocida como la enfermedad del gusano del corazón. Es una enfermedad grave, y puede afectar al ser humano.
También se transmite a través de la picadura de un mosquito, por lo que las zonas con condiciones óptimas para ellos (calor y humedad), son las más afectadas por esta enfermedad. En España, las Islas Canarias y el oeste de Andalucía (Cádiz y Huelva) son áreas bastante afectadas.

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Los síntomas que se producen en los animales con dirofilariosis son toses, dificultad para respirar, intolerancia al ejercicio y otras alteraciones.
El tratamiento de la filariosis es complicado, ya que puede dejar secuelas importantes en el animal, e incluso llegar a provocar la muerte del animal.

 

Por tanto, nuevamente la prevención adquiere especial relevancia, sobretodo en las áreas más afectadas, para evitar posibles infecciones en los animales domésticos y las personas. Es necesario asegurar una correcta protección de los animales desde cachorros, empleando los fármacos adecuados y aplicándolos de la manera correcta, en función de factores como la edad, lugar de alojamiento o viajes previstos.
El último punto de la desparasitación de los animales domésticos se ocupa de los parásitos externos o entoparásitos.
Los ectoparásitos son aquellos que viven en la superficie de otro organismo. Se alimentan de descamaciones cutáneas o de la sangre del animal. Es importante su control ya que son vectores de enfermedades sistémicas graves para los animales domésticos y para las personas.
Se incluyen en este grupo las pulgas, las garrapatas, los piojos, los hongos… Existen numerosas formas de prevención disponibles: collares, sprays o pipetas, son algunos de los métodos más utilizados.
Aunque las épocas de calor son las de mayor riesgo, no debemos dejar de proteger a nuestro perro o gato durante todo el año, ya que todos estos parásitos van evolucionando, y cada vez consiguen una mayor resistencia a la temperatura, por lo que cada vez es más habitual su proliferación incluso durante los meses de invierno.
Esperamos que con esto te haya quedado más claro porque es tan importante darle la pastilla antiparasitaria a nuestro pequeño amigo, o ponerle su collar antiparasitario. No dudes en consultarnos cualquier duda que te surja.

 

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