La llamada, o que tu perro venga a la señal o a la orden es, sin duda, la conducta más demanda por los propietarios de perros. Si lo pensamos bien, la llamada es básica y necesaria para una buena relación entre el binomio animal-propietario y también para una buena salud mental y física del perro.

A mi entender, la llamada es la conducta que quemamos y destruimos con mayor facilidad. Si desde que el perro es cachorro le hacemos ver que siempre que acuda a nuestro lado ocurre algo positivo, el animal se aproximará en un mayor número de ocasiones. Si por el contrario, al llamar a nuestra mascota le damos una reprimenda, castigamos, le ponemos siempre la correa y nos vamos de sus lugares favoritos, el animal creará una mala asociación con la llamada y cada vez irá viniendo menos.

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Debemos evitar todo este tipo de asociaciones negativas. Cuando llamamos al perro y no viene nuestra frustración aumenta; la impotencia de no controlar al perro nos invade y la reprimenda se hace así inevitable. En el caso de los cachorros, no podemos exigir una conducta hasta que esté del todo aprendida por el perro. Si estamos en el parque, por ejemplo, y nuestro perro no viene, lo mejor en un primer momento será ir a cogerlo sin mostrarnos enfadados y de la manera más tranquila posible. Si lo llamamos insistentemente el perro empezará a crear una mala asociación y hacer caso omiso de nuestras demandas.

Ocurre algo muy particular y divertido (por lo menos desde el punto de vista del espectador) cuando una persona intenta solicitar alguna conducta a su perro. Si este no nos hace caso (me incluyo también) empezamos a solicitarlo cada vez en un volumen más alto, hasta llegar a gritar. Teniendo esto en cuenta, no es extraño ver en parques a dueños desgañitándose repitiendo una y otra vez el nombre de su perro, y algún insulto, mientras el perro olisquea y pasa de él olímpicamente.

Por todo esto puedo decir que la llamada es un tema complicado y controvertido dentro del mundo del adiestramiento. Existen propietarios que se ven impotentes y sin recursos para hacer que sus perros acudan a su señal. Cuando estas personas deciden acudir a un adiestrador y/o educador canino muchas veces nos damos cuenta de que en realidad el problema más importante no es no atender a la llamada, sino que pueden subyacer ciertas deficiencias en lo relativo al vínculo, socialización con otros iguales, problemas de estrés…

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Normalmente las personas que no aguantan más esta situación y optan por solicitar la ayuda de un profesional tienen ya perros con una edad adulta o casi adulta, año y medio o dos, por lo que nos encontramos con hábitos muy arraigados y difíciles de cambiar. Algunas de estas personas optan, por el consejo de un conocido, amigo, por la utilización de un collar de impulsos, lo que puede ser muy peligroso en manos inexpertas. No es mi objetivo hacer aquí una crítica negativa hacia el collar eléctrico o de impulsos, existen excelentes profesionales que trabajan con esta herramienta y obtienen muy buenos resultados y en todo momento trabajan a un nivel de una simple molestia baja para el perro. Pero comprar un collar de impulsos por recomendación de alguien, ponérselo a nuestro perro y empezar a trabajar con él de manera autodidacta es una locura, y nos la estamos  jugando porque podemos crear un problema aún más grave.

Desde mi punto de vista y, como profesional del adiestramiento, solo vería conveniente la utilización del collar de impulsos en casos muy graves, donde la integridad física del perro o de otros animales se viera comprometida. Para la mayoría de los casos podemos resolver el problema con técnicas más suaves, más sencillas y nada contraproducentes.

Tenemos que tener una cosa muy clara: si desde que son cachorros realizamos un buen trabajo con el perro, es decir, existe una buena socialización con otros iguales, creamos un vínculo afectivo saludable y tenemos las dosis convenientes de paciencia, perseverancia y constancia no tendremos ningún problema en que nuestra perra venga a nuestra orden. El problema es que muchas veces por falta de tiempo o de conocimiento no somos capaces de realizar esto y comienzan a aparecer los problemas.

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Comenzaré por explicar cómo crear la llamada en el cachorro y después intentaré mostrar cómo podemos hacer para que el perro adulto comience a venir hacia nosotros cuando lo llamamos.

Todos sabemos que cuando tenemos un cachorro de pocas semanas no es complicado hacerle venir ya que está deseando acercarse a cualquier cosa que emita sonidos agudos, palmas o simplemente se mueva de forma extraña. El cachorro que se encuentra en esta edad donde la curiosidad va a ganar al miedo, no duda en perseguir a cualquier cosa que se mueva. Mucha gente, sobre todo propietarios noveles se creen que esto va a ser siempre así y que no tendrán problemas a la hora de llamar a su perro. Craso error porque el perro aún no tiene ni idea de lo que está haciendo y tan solo está reproduciendo una conducta innata que es perseguir a todo lo que se mueve y acercarse hacia estímulos atrayentes. Que el perro no tenga ni idea de lo que está haciendo no quiere decir que no potenciemos y trabajemos este aspecto, ya que serán las bases de nuestro trabajo. Al perro le debe gustar venir hacia nosotros y podemos aprovechar desde que son cachorros de pocas semanas para empezar a potenciar este aspecto, por lo tanto desde que el perro llega a nuestras manos tenemos que empezar a crear esta asociación mental positiva de venir hacia nosotros.

Empezaremos a trabajar la llamada en un ambiente pobre en estímulos: dentro de casa sería un buen lugar. Nos alejaremos del perro, pronunciaremos su nombre y un comando adecuado para llamarlo, yo propondría “aquí”. En el momento que venga reforzaremos con un premio y socialmente, jugaremos con él y repetiremos al momento otra vez el ejercicio. Poco a poco se lo iremos poniendo más difícil: lo llamaremos desde otra habitación, nos esconderemos por la casa, detrás de un mueble, de las cortinas. De esta manera hacemos que resulte divertido para el animal el ir hacia nosotros, que es el pilar fundamental de nuestro trabajo.

Como es lógico y normal, no queremos solamente que nuestro perro venga cuando se lo solicitemos en casa. La llamada muchísimo más funcional, fundamental y necesaria es en el exterior, por lo que empezaremos a trabajarlo en la calle. Poco a poco el animal se irá desarrollando física y mentalmente por lo que sus “excursiones” en el exterior irán aumentando en tiempo y distancia. Ante todo, tenemos que tenerlo controlado en todo momento y empezar a tener una cosa muy clara: que el perro no es una máquina (y menos a estas edades). Si creemos que desde el primer momento el animal responderá a nuestra llamada raudo y veloz nos desilusionemos, caeremos en la frustración y comenzaran los problemas entre nosotros y el perro.

Por este motivo empezaremos a trabajar en el exterior pero en lugares tranquilos, donde nosotros seamos un claro referente y existan pocas opciones que distraigan al perro. También tenemos que tener muy claro cuándo llamar a nuestro perro. Debemos permitirle explorar el mundo que le rodea, siempre bajo supervisión, y mientras se encuentre oliendo, jugando con otros perros (al menos en estos primeros meses de vida) debemos ser permisivos y darle un poco de margen de independencia.

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Gradualmente iremos a lugares más frecuentados por otros perros y otras personas, y seguiremos aplicando las mismas pautas de llamada. Lo soltaremos, dejaremos que explore el espacio donde se encuentre y se presente a los otros perros. Llegado un momento en el que el animal se ha presentado y conoce el lugar, emitiremos el comando de llamada que hemos estado trabajando, y acto seguido nos alejaremos hacia el sentido contrario con la mano alzada. Cuando lo veamos que viene hacia nosotros podemos aumentar el ritmo de nuestro paso y emitir el comando “aquí” de forma llamativa. Cuando llegue hacia nosotros reforzaremos con un premio, socialmente, lo manipularemos y al acabar le permitiremos que siga jugando con sus amigos.

Es importante que tengamos claro que no es simplemente “vienes y te doy el premio”, no. Si lo hacemos así estaríamos cometiendo un error; la idea principal es que al animal le tiene que gustar ir hacia nosotros, por eso, cuando vemos que se focaliza en nosotros salimos hacia otro lado, el perro lo verá como algo divertido. Si aparte, reforzamos la conducta, al principio con alguna chuche mejor, pero solo al principio porque puede ocurrir que el día que vaya y no haya chuche empiecen presentarse problemas a la hora de venir hacia nosotros. La chuche es un extra al principio, lo fundamental es hacerlo divertido para el perro y el afecto a la hora de venir hacia nosotros.

Si lo hacemos paso a paso, con paciencia, entendiendo la situación y las necesidades de nuestro perro conseguiremos que venga casi siempre, pero si al llamarlo el perro hace caso omiso a nuestras demandas y se encuentra absorto olisqueando o en un juego muy estimulante con otro perro, lo mejor que podemos hacer, cuando estamos creando la llamada, será ir acogerlo sin mostrar enfado. Si esta situación se produce la mayoría de las veces tendremos que echar para atrás y empezar nuestro trabajo en la fase adecuada.

Hasta aquí lo relativo a crear la llamada en el cachorro. Puede ser que incluso llevando a cabo el trabajo anteriormente descrito tengamos un perro que sea muy reticente a venir cuando lo llamamos, por este motivo voy a intentar ofrecer unas pautas y consejos para este tipo de perros a los que les cuesta más ir hacia su dueño/a.

Como decía anteriormente, hay muchos perros a los que les cuesta mucho atender a la llamada de sus dueños, sobre todo cuando se encuentran en situaciones en las que la emoción los domina. Cuando no hay ningún estímulo atrayente y el perro acude siempre que lo llamamos no hay problema, pero en cuanto aparece algo que se sale fuera de lo normal la emoción se apodera de nuestro compañero canino y hace caso omiso a todas nuestras demandas.

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Voy a citar algunas pautas que nos pueden ayudar a controlar al perro en estas situaciones y hacer que venga a nuestro lado. Las pautas a seguir serían:

 Con una correa (larga, de unos 2 metros) lo llamamos siempre antes de soltarlo para que juegue con sus amigos o se vaya a olisquear.

 Escondernos de vez en cuando para que el perro este atentos a nosotros. Que se convierta en un reto motivante el llegar hasta nosotros: escondernos detrás de un árbol, de un muro… de esta manera lo

motivamos y le gustará llegar hasta nosotros.

 Cuando lo llamamos y vemos que se ha focalizado en nosotros nos vamos hacia el lado contrario, y si vemos que se aproxima aumentamos la velocidad.

 Utilizamos un tono de voz llamativo, al menos en los primeros momentos, de esta forma captamos la atención del perro y vendrá más motivado.

 Tenemos que evitar echarnos encima del perro. A veces nuestro lenguaje corporal nos traiciona; a los perros no les gusta que rompamos su distancia de seguridad y mucho menos que nos

abalancemos sobre ellos. Intentaremos redirigir nuestro cuerpo hacia atrás, así el perro verá el acercamiento de una forma más agradable.

 Tenemos que hacer ver al perro que hasta que no llegue a nuestro lado y se deje manipular no cesaremos en nuestro empeño. Una vez que lo hemos tocado y se ha tranquilizado le podemos permitir que siga con sus “excursiones”.

 Practicaremos la “anti-llamada”: llamaremos la atención del perro, en el momento que la tengamos empezaremos a escaparnos de él, evitando correr o hablar, no lo debe de ver como un juego y cuando esté

un buen rato detrás de nosotros nos daremos por fin la vuelta y jugaremos y reforzamos efusivamente.

 Siempre, y cuando digo “siempre” es siempre que nuestro perro acuda a nuestra llamada debemosreforzar con comida o socialmente, aunque haya tardado 10 minutos en venir. No podemos castigarlo

por venir, si lo hacemos asociará de mala manera el llegar hacia nosotros.

 Practicar en lugares seguros y sin muchos estímulos cuando el perro se encuentre en niveles emocionales altos. Por ejemplo, cuando nos disponemos a salir a la calle nos alejaremos de la puerta y llamaremos al

perro, cuando se acerque reforzaremos. De esta manera trabajamos cuando el perro es presa de sus emociones, lo que nos servirá para poco a poco mejorar la llamada en la calle con estímulos atrayentes.

 Tendremos que tener paciencia, ser constantes y perseverantes para tener una llamada fiable. Cuando sepamos que la tenemos ya sí que podremos exigirla. La forma adecuada de exigirla (en caso de desobediencia) es colocar al perro una correa de 10 ó 15 metros, llamarlo, si no viene acercarnos a él, sin tirar de la correa, vamos pisando la correa mientras corregimos acorde a la sensibilidad del perro. Llegamos hasta él y de nuevo nos marchamos, llamamos y al venir reforzamos efusivamente.

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Hasta aquí todo lo relativo a la llamada, seguro que faltan cositas y otras se podrían mejorar. De lo que si estoy seguro es que si seguimos las pautas que aparecen en este documento, comprendemos y somos empáticos con nuestros compañeros peludos iremos viendo mejoras en esta conducta tan importante y necesaria.

 

nicolas montes