La insuficiencia renal crónica es una de las enfermedades más frecuentes en nuestros gatos, y la primera causa de muerte. Afecta a gatos de edad media o avanzada. Suele ser una enfermedad que avanza de forma gradual, de forma que los síntomas van empeorando paulatinamente, pasando muchas veces desapercibidos hasta fases avanzadas.

¿Porqué se produce? 

Los riñones actúan como filtro y eliminan los productos de desecho de la sangre. Además, se encargan de mantener la presión arterial mediante la regulación del equilibrio hídrico y electrolítico. Igualmente retiene ciertos nutrientes y hormonas necesarias para otros procesos metabólicos.

La insuficiencia renal crónica se produce cuando existe un daño irreversible en los riñones, que impide que lleven a cabo esta función.

En la mayoría de los casos es difícil conocer la causa exacta, pero algunas de las causas más habituales son infecciones persistentes, tóxicos, tumores o enfermedad poliquística.

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¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas de la enfermedad van a ser más evidentes a medida que la enfermedad avanza. Cuando se desarrolla un fallo renal crónico, el organismo no es capaz de producir suficiente cantidad de glóbulos rojos, por lo que aparecerá anemia.  El mantenimiento del equilibrio hídrico y electrolítico deja de funcionar, por lo que aumentará la presión sanguínea, y se producirán alteraciones en las concentraciones de potasio, fósforo y otros. Aparecen también alteraciones gastrointestinales. En fases más avanzadas, puede haber síntomas de intoxicación, por la azotemia que se produce, es decir, por el aumento de sustancias nitrogenadas en la sangre, como la urea. 

Los síntomas más habituales son: adelgazamiento, deshidratación, apatía, falta de apetito, pelaje descuidado, vómitos, úlceras orales…

El daño renal puede ocurrir solo en un riñón, compensando el otro generalmente la situación, o en ambos riñones, situación grave por la incapacidad del organismo para realizar determinadas funciones. 

¿Cómo se diagnostica?

Al producir síntomas tan inespecíficos es necesaria la realización de pruebas para el diagnóstico de la enfermedad. Principalmente se utilizan analíticas de orina y analíticas sanguíneas.

Urea y creatinina son las sustancias que con su aumento en la sangre nos indican que el riñón no está siendo capaz de realizar su función de filtración. Este aumento se verá acompañado de una baja densidad urinaria y la alteración de otros parámetros en la analítica de orina.

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¿Cómo se trata?

El tratamiento de la insuficiencia renal crónica va a ser sintomático en la mayoría de los casos. Si se llega a determinar la causa que la ha producido, se puede tratar directamente. Básicamente el tratamiento incluye el uso de fluidoterapia por vía intravenosa para resolver la deshidratación y corregir los desequilibrios electrolíticos existentes, junto con la administración de fármacos dirigidos al mantenimiento de la función de los riñones.

Para poder valorar la progresión de la enfermedad, e instaurar el tratamiento correcto que asegure una adecuada calidad de vida del animal, es necesario realizar controles periódicos. Estos controles deben incluir la realización de analíticas de sangre y orina, y la medición de la presión arterial. De esta forma, se pueden detectar las posibles consecuencias de la insuficiencia renal, y así decidir el tratamiento adecuado. 

La dieta también juega un importante papel en los gatos con insuficiencia renal crónica. 

Por un lado, como la retención de agua por parte de los riñones es insuficiente, es importante que el animal ingiera suficiente agua. Las dietas húmedas aseguran dicho aporte de agua previniendo así situaciones de deshidratación.

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Por otro lado, es importante que el contenido de proteínas de la dieta sea bajo, ya que su descomposición en el organismo genera una gran cantidad de toxinas, que el riñón no puede filtrar. Aún así, debemos asegurarnos de que no sea excesivamente bajo, ya que eso puede producir una perdida de masa muscular exagerada. 

Además, es aconsejable que la dieta tenga un contenido en fósforo bajo, ya que al no filtrarse, puede acumularse en el organismo produciendo graves alteraciones.

Además del tratamiento de la deshidratación y la administración de una dieta adecuada, puede ser necesario tratar otras posibles alteraciones. Una de las complicaciones más habituales es la aparición de hipertensión, que puede ocasionar graves consecuencias como hemorragias o ceguera, por lo que es imprescindible su control y tratamiento.

La progresión de la enfermedad es muy variable en cada animal, pero en ocasiones puede acabar siendo necesaria la eutanasia. La vigilancia y tratamiento adecuados de la enfermedad pueden aumentar la calidad de vida del animal, enlentecer su evolución y prolongar su vida.